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11 febrero, 2024

Bajo la lluvia.


En Caracas a partir de las 3 pm. llueve. Ya parece ser una cuestión reglamentaria. Aún así, ayer salí con el cielo encapotado para hace diligencias, pertrechada de suéter y paraguas. En esas andaba cuando se desató la tromba. Me quedé unos momentos escampando, junto a otras personas, en el comercio donde estaba. A la larga, me fastidié puesto que el diluvio iba para largo y me dije, ¡Total no vivo tan lejos! Me quite los zapatos que guardé en la bolsa del mercado (no voy a dañar unos zapatos buenos), abrí el paraguas y me aventuré bajo el chaparrón y los ríos de agua que corrían por las calles. El noble paraguas no podía con tanta agua. Lo cerré y me vine mojando y chapoteando.

Sí, fue una total reversión a lejanísima infancia, cuando al salir del colegio lloviendo, nos veníamos en grupo sólo por chapotear bajo la lluvia.¡Que divina sensación! ¡Que maravilloso recuerdo!... Llegué emparamaita. Me di un buen baño, y tomé un té caliente. Me di un buen gusto. Lo único que me faltó: cantar y bailar, como en la película. ☔️ 🌨 🤓


Caracas, 2018

10 septiembre, 2023

Remembranza de la arepa.


 Hoy toca recordar mi vivencia con un alimento ancestral para los venezolanos. Factiblemente todos saben sobre este alimento, imprescindible en la dieta venezolana. No informaré datos precisos acerca de su nombre y procedencia, pero sí contaré mi historia...

Cuando era una chica púber, y ya de eso hace siglos, vivíamos en la parroquia San José. Había una señora, que periódicamente se encargaba de proveer una masa blanca de maíz recién amasada en pilón. En ese entonces no existía lo que hoy llamamos delivery, pero la persona cumplía tales funciones. Esa masa luego era convertida en nuestra tradicional arepa redondita, cocinada en un budare (plancha de hierro, de formato redondo,  puesta al fuego). Generalmente se desayunaba con la arepa rellena de queso de mano, huevos frito o perico, pernil y café con leche...

Así con tal simpleza, los venezolanos comimos las arepas por generaciones, hasta que apareció la industrialización del producto y se transformó el elemento base, en un alimento precocido. Con el correr del tiempo, por los años 50, proliferaron las ventas de arepas rellenas, con una variada cantidad de alimentos: carne, pollo, verduras, cochino, mariscos y gracias al ingenio de nosotros, fueron tomando nombres característicos acorde con tal relleno: Reina pepeada, Viuda, Catira y así, así.

Actualmente, la masa  de la arepa precocida se encuentra en cualesquiera automercado del mundo y debido a la diáspora venezolana, la arepa emigró con nuestros connacionales. Hoy es un plato gourmet; tanto así que se ha instituido el Día Mudial de la Arepa a partir de 2012 y hasta tiene un emoticono en las redes. 

No es por protestar: la masa precocidad sirve, aligera el proceso y es de fácil adquisición, pero yo añoro una arepa de maíz pilado y cocida en budare (quizá aún se pueda comer en el interior del país), su sabor es muy diferente y para mí viene a ser una arepa rellena de remembranzas.


Sept. 2023

20 junio, 2019

La ciudad que una vez fue.



Esta crónica va para aquellos integrantes de la "generación del hombre nuevo", los nacidos a partir de 1999 que no tuvieron la suerte de conocer a Caracas, en su época esplendorosa y que les ha tocado vivir en un lugar convertido en basurero con manicomio, que ni capital debería llamarse... Merece la  pena recordar que el próximo 24 de julio, la ciudad capital cumplirá 452 años de fundada; no por ello me voy a remontar a "la ciudad de los techos rojos", pero sí a esa ciudad que con los años y gracias a la piqueta de la modernidad ha perdido sus referentes históricos y que actualmente debido a la desidia revolucionaria pasa por dar lástima y asco. 

No hablaremos de pésimas vías y alumbrados, falta de transporte, Metro que otrora fue un orgullo nacional y hoy es una letrina, centros comerciales y edificaciones sin ascensores ni escaleras mecánicas, semáforos sin funcionar y colas y más colas para cualesquiera cosa que se logre hacer. Es lo que conocen los nuevos caraqueños que ni por referencias -o quizá alguno sì- se enteró que Caracas fue distinta, no un paraìso terrenal, pero algo que bastante se le parecía...

Allá por los años 50, la ciudad se llenó de arterias viales, modernas avenidas y edificaciones, obras que haciendo justicia debemos reconocer a la dictadura: superbloques de Casalta y 23 de Enero, Ciudad Universitaria. Caracas, tuvo avenidas y parques para el solaz y esparcimiento.  Tranquilamente podía usted salir de noche a caminar para ver vitrinas, o tomar helados por unas bien iluminadas calles, La Gran avenida, o bajo cualquier farol extender su silla y ponerse a estudiar como hacìan los estudiantes, valga la redundancia. Con la recientemente inaugurada Autopista bajábamos de noche al litoral, para desgustar unas ricas pizzas o helados en Caraballeda. Nadie desaprovechó la subida a El Avila en teleférico, visitar Galipan, para luego con el mismo medio de transporte llegar hasta Macuto...Por los años 60-70 ya en plena democracia, podíamos rumbear hasta altas horas de la noche en cualesquiera de los muchos sitios que funcionaban en el este de la ciudad: Hipocampo, Discoteca Eva, Juan Sebastìan Bar, luego en grupo de amigos o caravanas de carros, recalar en alguna de las populares areperas que proliferaban en la capital. Tuvimos autocines donde de paso, servían deliciosas merengadas y hamburguesas mientras veías la última película en cartelera. Varias cadenas hoteleras y supermercados se instalaron, entre ellos Tamanaco, Hilton y CADA con su estupendas fuentes de soda.
Ya para la década de los 80 las cosas se fueron complicando en cuanto a seguridad, pero siempre quedó un márgen para el funcionamiento de la ciudad y cierta calidad de vida para sus habitantes.

Especial atención merece la vida cultura y desarrollo gastronómico de Caracas. Totalmente cosmopolita en cuanto a condumios se refiere. Lo que se te antojara comer en Caracas lo conseguías en variados precios. La ciudad se llenó de restaurantes de múltiples nacionalidades: italianos, españoles, chinos. Tascas, night-clubs y piano-bares donde se presentaban afamados artista mundiales. Los clubes y hermandades se engalanaban y traían las mejores orquestas internacionales para la celebración carnavalesca: Club Paraíso, Casablanca. Culturalmente la capital estuvo a la vanguardia de la región: la Concha Acústica con el Festival Latinoamericano de Música  Sinfónica, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, que luego le pusieron el nombre de su fundadora, Sofìa Imbert, Teatro Teresa Carreño. No podemos dejar en el olvido el Ateneo de Caracas, impulsor del Festival Mundial de Teatro al cual asistían los mejores grupos del mundo. Además de tetatro, el séptimo arte, tenía su representacion en múltiples festivales cinematográficos. El CELARG auspiciaba el Premio Internac. de Novela Rómulo Gallegos y el Museo de los Niños era de obligatoria visita para el deleite de los màs pequeños. Todo el esplendor que Caracas vivió fue obra del período democrático.

Mi ciudad desapareció, da lástima y verguenza verla hoy día. Nada sirve, nada funciona. Si acaso el centro, los alrededores de la Plaza Bolívar,  han sido "recuperados" después de la indolencia que sus propios Alcaldes acólitos del sistema, han creado. Hasta vacía se está quedando la "sultana del Avila", aquel tropel de turistas que las líneas navieras traían ya no portan por acá y sus propios habitantes se han visto forzados a abandonarla por emigrar a otras latitudes.

Decíamos los caraqueños jactanciosos: "Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra." Hoy día somos monte y culebra...


Caracas, Junio 2019

29 abril, 2016

El Santa Claus de la Cota mil.







En las festividades decembrinas en nuestra capital pasan dos cosas: se enciende la cruz del Avila  y  aparece Santa Claus... Otro de esos entrañables personajes populares de nuestra capital, es Ramón Canela. Un señor de 82 años que desde hace aproximadamente diez, todos los primeros dìas de diciembre se aposta desde la mañanita en la transitada avenida Boyacá de la capital causando el consabido revuelo. Don Ramón, muy bien caraterizado en el personaje, saluda a los pasantes con su campana y en su zurrón verde recoge las cartas, peticiones y solicitudes de los infantes y uno que otro adulto. Todos se retratan para atesorar el momento. No siempre lo acojen con afecto, debido a la  tranca que se forman, ya que es inivitable la doble cola de vehículos que se detienen... Lo visitan gente de los alrededores y de muchos otros lugares cercanos a Caracas. Con todos  estos años se ha formado una cohorte de asistentes - damas y caballeros- que acompañan a Santa y lo asisten de forma espontánea y generosa en sus necesidades, agua y comida, mientras transcurre el día.. 

Poco se sabe de las intimidades del personaje: llegó a Venezuela como inmigrante, desde su natal España y aquí permaneció. Dicen que una tragedia personal acaecida en estas fechas lo impulsó a hacer el gesto, o quizá sea una manda. Es el caso que él de manera totalmente altruista, da alegría y esperanza a los pasantes y hasta los momentos y con  su avanzada edad nunca ha faltado a la cita. 

Este diciembre de 2015 el Santa de la Cota mil hizo su aparición el dìa 2. Esto fue  motivo para que los medios de comunicación capitalinos y redes sociales especularan y reportaran su ausencia. Por fortuna, al dìa siguiente hizo su triunfal aparición, se reseñó el evento en diarios y TV y se disiparon preocupaciones. Explicó que todo fue ocasionado por que el nuevo atuendo no estuvo a tiempo.

¡Gracias, Don Ramón, por inbuirnos la tan necesaria esperanza..!


Caracas, diciembre 2015



31 diciembre, 2013

Cañonazo.


Despedir la noche vieja y recibir el año en la Plaza Bolívar de Caracas, es una tradición que data de comienzos del siglo pasado, cuando hasta los Presidentes asistían al evento. Lamentablemente ésta costumbre se fue perdiendo a medida que la ciudad se  hizo cosmopolita y todos los problemas de una gran urbe nos arrinconan en casa. Otra costumbre que data de 1910 era avisar la llegada del nuevo año con un cañonazo estruendoso, que se lanzaba desde La sede de la Escuela Militar, situada en el cerro de La Planicie y retumbaba en toda la ciudad. ¡Hay un aguinaldo tradicional que recuerda éste evento! Escuchar el himno nacional en todas las radios del país el 31 de diembre a la medianoche en punto, sólo es cosa nuestra; jamás lo he visto en otras partes.

Las costumbres se modificando con el correr de los años. Actualmente se estila subir a la Urb. Valle Arriba y en su mirador, desde donde se divisa toda la ciudad, ver el espectáculo de los fuegos artficiales...El cañón que avisa la llegada del nuevo año  ya no se escucha por los ruidos de: cohetes, cohetones, triquitraquis y tumbaranchos,  que los vecinos acostumbran a usar para el evento. Amén de las alarmas de vehículos que se disparan. Hoy en día son otros cañonazos los que se escuchan desde el mismo cerro, convertido en santuario de peregrinación revolucionaria… Lamentablemente la inseguridad reinante y el caldeado clima político no nos permite fraternizar como sería deseable y abrazar a todos nuestros vecinos en esos sitios públicos. Así, la usanza de recibir el año en la plaza Bolívar –por los motivos antes señalados-  se ha sectorizado y en algunas Alcaldías capitalinas, los Alcaldes con sus familias van a la plaza de su circunscripción a  recibir el año; por ejemplo en la Plaza Francia (Altamira)... La política ha invadido abusivamente nuestras vidas; ya la idea no es confraternizar en esa fecha – antes, cada quien llevaba algo de beber, o comer y se compartía con los presentes, intercambiando abrazos y mejores deseos- ahora se hace proselitismo políticio y se presentan shows en la plaza Bolívar y en algunas otras, para hacer más atrayente la ocasión y convocar a la gente.

Lo que si mantenemos es la ruidosa bienvenida del año: el cielo capitalino se ilumina totalmente de tantos fuegos artificiales que los caraqueños lanzan y el bullicio festivo en las casas, invaden de alegría la ciudad.

http://www.youtube.com/watch?v=bB3506wLWU0

Caracas, noche vieja de 2013
Foto de sacada de la web.

09 mayo, 2010

El Calvario




Hacia el oeste de Caracas se encuentra uno de los parques más señoriales de la ciudad, pero poco visitado por sus habitantes. Probablemente debido a lo recóndito de sus parajes, los paseantes temen adentrarse en él por aquello de la inseguridad que azota a nuestra capital. Me refiero a El Calvario, que cuando su inauguración por allá por 1870 en época de Guzmán Blanco, se llamó Parque de la Independencia.

Este hermoso parque era un remanso de paz para los paseantes, hasta que las hordas revolucionarias lo tomaron y decidieron lanzar escalinatas abajo al pobre Cristóbal Colón, en esos arranques chovinistas y todas esas pendejadas de autoctonía que cada 12 de octubre salen a relucir. Desde la altura de la colina, se puede contemplar la ciudad. Luego recorrer sus hermosas caminerías con exhuberante vegetación; las plazoletas con bustos y/o estatuas, entre ellos uno de Diego de Lozada fundador de la ciudad (Imagino que aún existe, si es que los rojos, rojitos no lo han descubierto y hecho añicos) ; la rotonda de columnas, el gazebo, la capilla de estilo gótico francés y el Arco de la Federación. Este último monumento no figuraba en el diseño original y fue agregado en época del mandatario Joaquín Crespo por allá por 1885. El sitio tiene dos accesos: si vas andando subes las escalinatas, eso si poco a poquito para no llegar arriba infartado - sería un verdadero calvario- y si vas en algún vehículo, atraviesas vía Caño amarillo ( rodeas la colina) y sigues subiendo hasta la primera explanada donde se estacionan los autos.

Leí recientemente que el lugar fue recuperado por la Alcaldía de Caracas y Fundapatrimonio con motivo del 199° Aniversario de la Independencia. !Al fin le hicieron un cariñito a la ciudad! Se nota que estamos en épocas pre-electorales... Acaso habrá qué esperar otros cien años de festejos patrios para ver la concreción de proyectos "megalómanos" que siempre son anunciados y nunca realizados: un museo a Francisco de Miranda en el Parque del Este, el saneamiento del río Guaire y el monumental parque de La Carlota... !Paciencia piojo que la noche es larga!

Como soy mal pensada y el proverbio dice: Piensa mal y acertarás, infiero que todas estas obras de remodelación, fueron encomendadas a los "expertos" arquitectos y urbanistas cubanos -los mismos encargados de restaurar los edificios del exprópiese, aledaños a la Plaza Bolívar- para poner nuestra capital “tan bella” y "cuidada" como tienen La Habana vieja… Recuerden que: Somos la misma cosa... Raúl dixit.

Cosas de mi ciudad..!

Caracas, mayo.2010
Ilustración tomada de la web: busto a Cervantes y Capilla.

20 febrero, 2009

Reinitas y compañía



Todavía quedan algunas cosas gratas en mi ciudad. Al menos para mí es muy reconciliador ver las bandadas de periquitos que cruzan nuestro contaminado espacio. Vivo en la urbanización Colinas de Bello Monte. La verdad es que no sé si aún está tan bello, pero monte si que hay. Es decir todavía tenemos bastante vegetación circundante, lo que es un alivio entre tanto cemento. Allí anidan, Pericos, las escandalosas Guacharacas y las delicadas Reinitas.

Es muy lindo ver y escuchar a los alborotadores periquitos mudarse de un árbol a otro; escuchar las Guacharacas cuando hacen eco de los cornetazos de los autos y las sirenas de las ambulancias o de la policía. De pronto un Cristofué solitario, lanza su recordatorio vespertino. En especial me complace la visita que de mañanita hacen las Reinitas a mi cocina. Diariamente les pongo alpiste y las muy resabiadas nunca faltan al desayuno. ¡Hay el día que olvide ponerles, o que se acabe la ración! arman tremendo escándalo en reclamo. Las más osadas (esta especie es muy amigables y confiada) entran hasta la sala, revolotean y vuelven a salir por el ventanal.

El los meses de intenso calor (aquí no podemos hablar de estaciones ya que sólo tenemos dos: clima seco y mojado) que va de abril a junio, las Cigarras (también llamadas Chicharras o Cocoas) comienzan su concierto de zumbidos abdominales todas las tardes, lo que acrecienta la canícula. En los meses lluviosos se escucha uno que otro croar de unas ranitas verdes pequeñitas, que hasta han tenido la osadía de llegar a los a los apartamentos de los pisos superiores. ¿Cómo han trepado hasta allí ? Para terminar el concierto, nos haría falta un gallo madrugador, pero creo que eso ya es mucho pedir.

En esta ciudad toda cemento, con tan pocos parques o plazas con verdes sombras, es un privilegio tener todavía sectores de la ciudad rodeados de vegetación. Por eso reclamo a los podadores de árboles, (por aquí andan una cuadrilla dependiente de la Alcaldía de Baruta, que de paso se hace llamar: Municipio Ecológico ¿?) que supuestamente colaboran al ornato de la ciudad o “ique” a la prevención de accidentes, talando –de mala manera- árboles supuestamente enfermos; reclamo a los muchachos que les da por colgarse de alguna ramita incipiente o caerle a las hojas sin razón alguna y con aquellas personas que consideran las macetas como depósito de desperdicios y lo que es aún más desagradable como cenicero para sus colillas de cigarros.

¡Vainas de mi ciudad!


Caracas, febrero 2009

01 enero, 2009

Una inocente florecilla



La visión inconfundible de Caracas, está íntimamente ligada a la montaña que la ampara: El Avila. Esta hermosa montaña constituye un Parque Nacional, protegido desde los años 50. Cuenta con una diversidad de fauna y flora. Esta última ha sido estudiada desde la época colonial, comenzando por los naturalistas: Humboldt y Bompland, hasta nuestros días con Pittier y otras múltiples organizaciones ecológicas privadas y gubernamentales que se ocupan de estos menesteres.

Una de las gramíneas más famosas que se encuentran en El Avila, es el Capín Melao (Melinis minutiflora), que en su época de inflorescencia produce una espiga de florecillas coloradas que por la época dicembrina le otorga a la montaña un precioso matiz. Para unos es anuncio de que se está acercando la Navidad, pero para otros, es señal de que hay que sacar el pañuelo y atender las consecuencias de la rinitis alérgica, que nos produce. O sea que con la llegada del Capín melao –y la brisa fresca que baja en las madrugadas- a los habitantes citadinos se nos pone la estornudadera a millón, o se nos alborota el asma y todas esa secuela respiratoria que tiene que ver con este tipo de padecimiento.

Varias anécdotas acompañan a la florecilla: cuentan que Andrés Bello, el único criollo que se atrevió a subir a la Silla de Caracas con Alejandro Humboldt, debió regresar antes de lo pensado por causa de la alergia que le produjo la florecilla. Otros dicen, que la semilla fue traída desde Francia por nuestro afrancesado presidente Guzmán Blanco, para ser sembrada en la montaña. Esto último es poco creíble ya que la planta fue estudiada y clasificada con años de antelación por los naturalistas Humboldt y Bompland.

El caso es que al pasar de los siglos, la planta ha prosperado en la montaña y los caraqueños estamos atentos a la aparición de sus flores, para bien o para mal...


Caracas, enero 2009

01 diciembre, 2008

El Rey del sarao




En Venezuela y específicamente en la región central, tenemos un pasapalo (tapa o abreboca) más que tradicional y no falta en ningún sarao: el tequeño. Para nosotros ¡fiesta sin tequeños no es fiesta..!
Desde las mas encumbradas casa, en los círculos sociales más refinados -en los bailes de alto coturno- hasta el más modesto jolgorio en un barrio capitalino, hay entre las delicias para ofrecer a los invitados, el popular y sencillo pasapalo.

Dice la tradición que el tequeño, nació por allá a principios del siglo XX en la ciudad de Los Teques (de allí su nombre), capital del Estado Miranda muy cercana a Caracas. Hasta los momentos se desconoce quién fue su inventor o inventora. Supongo que probablemente se le ocurrió a una buena mujer, que para no desperdiciar las sobras de las empanadas que preparaba, optó por aprovechar las tiritas de queso y la masa sobrante y en el mismo caldero donde freía las empanadas terminó preparando los tequeños.

En la actualidad, a nuestros afamados cocineros de la nouvelle cousine les ha dado por sofisticar el bocadillo; hay quienes además del queso lo rellenan con jamón o modifican los ingredientes de la masa; hay quienes optaron por agrandar el tamaño del tequeño tradicional y hacen los tequeñones; otros los sirven con una salsa para remojarlos. Pero ¡que va...o!, el pasapalo criollo por antonomasia es pequeño, se come solito, calientito con el queso blanco derretido y complace igual a carnívoros y vegetarianos.

En cualquier fiesta cuando aparece el mesonero con la bandeja de tequeños, se arma la algarabía ¡Llegaron los tequeños !, perdemos la compostura y le caemos encima inmediatamente como si estuviéramos famélicos. Cuando somos invitados a una boda, cumpleaños, o graduación, nos pueden servir muy sofisticados bocadillos: tartaletas con caviar, ciruelas enrolladas con tocineta, alitas de pollo, lo que se les ocurra pero si no hay tequeños saldremos todos despotricando y diciendo que la celebración quedo pésima, porque no había tequeños.

¡Vainas de mi ciudad.!

Nota: les dejo la receta, para que elaboren los nunca bien ponderados tequeños y me envían mi ración, vale?

Caracas, diciembre 2007

- Preparación de los tequeños:

Ingredientes:
2 tazas de harina de trigo
5 cucharadas de mantequilla
1 huevo
1/2 cucharadita de sal
2 cucharadas de azúcar
5 cucharadas de agua fría
1/2 kg. de queso blanco semiduro, cortado en tiritas
Abundante aceite de maíz.
Papel absorbente.

Colocar la harina en forma de corona sobre una mesa seca. Hacer una especie de hoyo en el centro y poner la mantequilla y el huevo. Mezclar el agua con la sal y el azúcar. Amasar, añadiendo poco a poco el agua con sal, hasta formar una masa suave, que no se pegue en los dedos.

Estirar bien finita con el rodillo de amasar.
Cortar la masa en tiritas de 1,5 cm. de ancho y 15 cm de largo.
Con las cintas de masa se enrollan los trocitos de queso, asegurándose de que el queso quede bien cubierto.
En un caldero con abundante aceite, se fríen los tequeños a fuego medio hasta que doren.
Se retiran con una espumadera y se colocan sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa.

Caracas, diciembre 2008

22 agosto, 2008

Apascacio.






De esos personajes públicos que poblaron nuestra capital, uno viene a mi memoria con especial remembranza: Apascacio Mata, un policía muy querido por la comunidad capitalina por allá por los años 60 y 70. Recuerdo que cuando caminábamos por las calles céntricas de la capital, era inevitable toparse con Apascacio. Allí con su marcial figura: alto, fornido, su uniforme impecable y guantes blancos, desde su podio en la céntrica esquina de Sociedad. También decían los viejos caraqueños, que había que pararse en esa esquina para ver desfilar a las mujeres más lindas de la capital... Sin descuidar sus obligaciones, el oficial regalaba una sonrisa a los transeúntes femeninos y los niños cuando cedía el paso.


Muchos años estuvo Apascacio como adueño absoluto de la esquina de Sociedad. Ni sol, ni lluvia lo hicieron jamás faltar a sus obligaciones; un personaje ejemplar, querido y respetado por todos. Luego cuando fue jubilado y los policías no cumplieron más estas funciones, Apascacio desapareció dejando su honroso recuerdo.


¡Vainas de mi ciudad!

Caracas, 2005

20 mayo, 2008

Los taxistas de Caracas


Hagamos un preámbulo a esta crónica:

Para variar, la palabra Taxi proviene del griego Taji que combinada con otra palabra Metron, devino en lo que hoy se conoce como Taxímetro. ¡No hemos inventado nada nuevo! Infiero que los griegos tan adelantados ellos, ya disfrutaban de este tipo de servicio en sus polis.

Ahora a lo que vamos:
Debido a la falta de mi cacharrito, uso los taxis de la ciudad. Una de las causas por las que salí del vehículo-aparte que ya estaba pidiendo relevo por los muchos años de abuso- fue porque el tránsito en la capital está cada día más infernal. Entre los motorizados, las marchas de protesta y las interminable colas, había que tomar una decisión: o te lo calas o sales de eso… ¡Salí de eso! Cuando uso un taxi y la cuestión está muy complicada, me bajo –previo pago de la tarifa- le regalo un caramelito al chofer, pa´que no me miente la progenitora y dejo que se cale la tranca por mí.

Pues, verán que me divierto mucho con esta nueva modalidad. Comenzando por el regateo del precio de la carrerita: ¡no mijoquerido! No ves que soy una señora jubilada y blablabla… Luego ya instalada –en el sitio del co-piloto, porque sentada en los puestos de atrás mareo- comienza la cháchara del chofer. Si acaso me toca uno huraño, seré yo la que comience la conversación - estoy muy dispuesta a ello- y escucho las cuitas familiares, ocurrencias de todo tipo y protestas del chofer por lo intransitable de la vía, el costo de los repuestos para el vehículo, si es que se consiguen, o el consabido reclamo contra el gobierno. Como estos señores escuchan la radio todo el día, el taxi es prácticamente un conefesionario: te van poniendo al día sobre lo humano y lo divino...

Resulta que hay cantidad de vehículos particulares, con una simple calcomanía que dice: Taxi. Es decir que no están registrados como tales ya que sus propietarios han tenido que dedicarse forzosamente a la profesión a falta de empleos dignamente remunerados.Nuestros taxistas son de condición variopinta: ingenieros desempleados, señoras viudas que han tenido que echarle pichón a la vida, estudiantes, pequeños comerciantes que liquidaron el negocio y afines; tanto nacionales –la mayoría venidos del interior del país- o extranjeros.

Cuando me toca alguno que no conoce los vericuetos de la ciudad, les dirijo la macha como veterana choferesa que fui. Al descender, salgo cubierta de bendiciones y nos despedimos largamente: estoy a su orden; fue un placer; ojalá todos los clientes fueran como usted. La despedida se hace más larga que la carrerita en si. ¡Menos mal que aquí no se estila taxímetros!

Lo que me molesta sobremanera son aquellos taxistas que suben el volumen de la radio para que escuches más y mejor el reggaeton de moda. Por lo visto un mal endémico en nuestro transporte público. Si te sale en suerte un taxis evangélico, tendrás que calarte las canciones que canataban José Luis y Lila dando loas a Jesucristo. ¡Que tortura! Otros irresponsables optan por manejar y no desprenderse de la adicción al celular y te toca a tí actuar de co-piloto para evitar una posible colisión. Pero la idiosincracia de nuestros taxisas va más allá: resulta que el usuario está sujeto a ir donde ellos lo quieran llevar, no donde se supone que debamos ir. Con un total desparpajo te dicen: ¡no yo por esos lados no voy, hay mucha tranca!
Es riesgoso montarse en un bicho de estos; contimás si no están registrados en ninguna parte, así que encomiéndese a San Cristóbal, santo patrón de los conductores y ¡suerte!

¡Vainas de mi ciudad!


Caracas, marzo 2008

Gran cacao



Desde tiempos inmemoriales los indígenas venezolanos, conocían el uso del cacao. En tiempos de la colonia se incrementó su comercialización, producto de una gran demanda en los mercados de Europa y América. Así surgieron los grandes cacaos una clase mercantil y agricultora pudiente que impulsó la economía venezolana. El cacao da origen a uno de los productos más deliciosos del mundo: el chocolate, que fue desarrollado recién en el siglo XIX.Luego otros dos productos: el café y después el petróleo irrumpieron en el país y desplazaron de su sitial de honor al dorado fruto.

Con el correr de los años, se llegó a decir: fulano se las da de gran cacao, para referirse despectivamente o burla a esas personas que desean aparentar más de lo que son. Que se las dan de tener muchas riquezas, sin tener nada. En estos tiempos modernos –la producción de cacao ha disminuido en comparación con años anteriores- pero el cacao venezolano se sigue exportando y es reconocido mundialmente por su alta calidad y utilizado en la fabricación de los más finos bombones y licores.

Curiosamente en los duelos caraqueños, nunca falta la sabrosa y energizante taza de chocolate, para obsequiar a los acompañantes que reconfortan a la familia en el velatorio de algún difunto.
¡Vainas de mi ciudad!


Caracas. abril, 2007

Poli-zepes




¡Este es el país de las cincuenta mil vainas! Aquí sólo nos falta inventar el agua tibia. Ahora para conmemorar la Semana de Caracas, el Alcalde Mayor Metropolitano puso en el cielo caraqueño (hace más de una semana y a manera de prueba) un dirigible o zepelin. Yo todavía no lo he divisado porque con lo de las marchas estudiantiles y las bombas lacrimógenas, no tengo vista pá arriba.

Según declaraciones del ínclito Alcalde Mayor, es más rentable gastar tres millardos de devaluados bolívares en el aparato que contratar más policías. Imagino que esta medida no tiene nada que ver con el problema del desempleo que cada día es mayor, ni con el ahorro de combustible. La cuestión es contra el hampa caraqueña. El grueso de la población recuerda los zepelines como armas destructivas utilizadas en la primera guerra mundial. Ahora su uso ha derivado en múltiples aplicaciones desde la década de los 90. Se vienen usando estos artefactos en seguridad y defensa, en ecología, en investigación científica en publicidad y como plataformas comunicacionales. Hasta han sustituido a los satélites orbitales.

En nuestra bella ciudad, el zepelin daría combate a los choros, malandros, atracadores y similares que azotan la ciudad capital. Imagino que si la cosa resulta, adquirirán más de estos artefactos para usarlos en todo el país, puesto que la inseguridad campea en todo el territorio de la república. Los escasos policías que hay son utilizados como escoltas o guardaespaldas de los jerarcas del régimen y no en velar por la seguidad de la ciudadanía. Yo esos bichos -los zepelines- no los he visto personalmente, ni termino de comprender cómo van a hacer para atrapar a los choros que generalmente andan en motos sin placas. ¿Será que al divisar desde las alturas a un motorizado efectuando un arrebatón, los poli-zepes se deslizarán por cuerdas -cual diestros Ninjas- para caerle encima al ladrón? ¡Estupendo! Hemos alcanzado el territorio virtual de las películas hollywoodenses.

Imagínense ustedes en pleno centro de Caracas, con las calles llenas de buhoneros, viandantes y vehículos, los poli-zepes impidiendo un atraco desde el dirigible. Plomo pa´ bajo y los hampones plomo pa´arriba (porque aquí el hampa tiene un armamento de tecnología de punta.) ¿Qué tal que le den un pepazo al mentado zepelin cargadito de Helio?, ¡madre estallido! justo encima de la Plaza Bolívar. ¡El Hindenburg se quedó pendejo!

No he leído en la prensa nacional mayores detalles sobre la aplicación que darán a estos artefactos. ¿Será que el zepelin tendrá una ballena incorporada para rociar a los manifestantes? Algo así como el diluvio universal contra los marchistas opositores. ¿O pretenderán lavarle las manos blancas a los estudiantes? Si suponen utilizarlo como centro de comunicaciones para la policía y desde el aire enviar avisos a las patrullas policiales para detener los hechos delictivos, quedamos en lo mismo. Ya nuestros patrulleros han demostrado no poder contra el hampa en tierra. Menos con este nuevo Código Civil que saca rapidito a los delincuentes de detrás de las rejas. Que espanto y estampida de ladrones, atracadores y asesinos que aquí campean, cuando se les presente el hermoso zepelin de la Alcaldía Mayor todo pintadito rojo, rojito, con los acostumbrados slogans: Ahora Venezuela es de choros (¡perdón!) de todos, haciendo zum,zum, zum (porque suenan como una lavadora.) ¿Será que los malandros dejarán los botines tirados en la calle? ¿No le dispararán al presunto secuestrado? ¿Dejarán la droga esparcida en el sitio? Necesito aclaratorias sobre este modus operandi.

Dos cosas que me preocupan seriamente de estos zepelines: ¿Dónde aterrizarán en caso de emergencia? ¿Acaso en las terrazas de los edificios expropiados por la Alcaldía? y ¿Que pasará con el ambiente y el gas que despiden? No me parecen muy ecológicos porque exterminarán los pocos zamuros que quedan. ¡Tremendo susto se pega un zamuro cuando ve ese bicho que se le viene en contra!


Caracas, junio 2007
Ilustración: Diario Tal cual, agosto 2007 (Se agregó la imágen tardíamente. O sea que el escrito fue premonitorio)

La casa de las 7 ventanas


Años atrás –1920 a 1930- cuando Caracas era pueblerina y sus habitantes llegaba si acaso a las 200.000 mil almas, no existían esas nuevas urbanizaciones de casas-quintas, ni edificios lujosos de muchos pisos para viviendas u oficinas. La ciudad pequeña aún, estaba rodeada de grandes haciendas y conucos de labradores, en su mayoría de laboriosos Canarios venidos de ultramar. Todos los caraqueños vivían en casas. Unas más grandes que las otras. La familia vivía unida: padres, hijos, nietos. En una casa podían convivir varias generaciones a la vez.


Nuestras casas tenían techo de tejas rojas de barro cocido: portón, zaguán, patio interno (con piso de mosaicos multicolores ) y corral al final de las habitaciones. Este ultimo generalmente de tierra, con algunos árboles y animales.

En la Caracas colonial -todavía semirural- el nivel social lo determinaba el tamaño de la casa y para ello las mismas se clasificaban según la cantidad de ventanas que tuvieran hacia la calle. En una casa de dos ventanas seguramente vivía un familia de modestos recursos. Una de cuatro ventanas o más, era de una familia de alta posición, es decir mantuana. O sea, a más ventanas más alto en la escala social. Muchas de estas enormes casas ocupaban casi toda una cuadra y tenían entrada por una calle y salida por la otra. Las ventanas eran altas y delgadas, protegidas por barrotes y celosías. En su interior tenían el poyo, donde las jovencitas se sentaban de tarde a ver pasar los viandantes y recibir las serenatas de sus galanteadores. En pocas parroquias de Caracas quedan en pié algunas de estas casas. Una de éstas es La Pastora, pero las casas que allí existen están muy deterioradas y venidas a menos.

Aledaña a la plaza del Panteón aún existe una hermosa casa con fachada de piedra y escudo heráldico en el portón. Creo era propiedad de la familia Santaella. Está muy conservada ya que allí funciona una organización del estado. Esta zona del Panteón estaba rodeada de muchas de esas casas que con el paso de la modernidad fueron demolidas. Otra de estas viviendas está situada en la Parroquia Altagracia entre las esquinas de Veroes y Jesuitas -en pleno centro de la capital- a pocas cuadras de la Catedral. Es propiedad de la familia Mendoza. Cuidadosamente restaurada, da cabida a un centro cultural auspiciado por las empresas de esta familia: La Casa de estudio de la Historia de Venezuela. (1) En la acera opuesta a esta bella casa, hay otra que está totalmente en ruinas. Tiene una placa legible que indica que allí funcionó el colegio Santa María y dio clases el prócer José Martí...

Pero la modernidad se impuso. Ahora tenemos urbanizaciones convertidas en ghetos, gracias a la inseguridad. Compramos apartamentos en propiedad horizontal. ¿De donde habrá salido este nombre? ¡Me suena a nicho de cementerio! Tenemos rascacielos acristalados, cada uno más horroroso que el otro y la ciudad tiene un cinturón de ranchos, inequívoca señal de marginalidad y superpoblación. Todo para recordarnos que Caracas ya no es la ciudad de los techos rojos.


¡Vainas de mi ciudad!

Caracas, abril 2006
(1) Ilustración tomada de la pag. Web. de esa institución. http://www.casadelahistoriadevenezuela.com

Paga peo


En nuestra sociedad colonial (estratificada en castas: blancos, criollos, pardos, negros, etc) durante el S.XVIII los mantuanos era una elite de blancos criollos descendientes de españoles, propietarios de grandes haciendas y esclavos. Ocupaban los cargos en los cabildos y algunos de sus miembros poseían títulos nobiliarios. Don Francisco Herrera Luque (QEPD), bien que los describió en su novela: Los amos del valle.

La denominación deriva del privilegio de usar manto que tenían las señoras de este selecto grupo. Imagino una reminiscencia de las mantillas de usanza española. Las personas de esas castas acudían a determinadas iglesias y a determinadas horas, para evitar mezclarse entre si.
Cuéntase que las damas mantuanas, asistían a los piadosos servicios acompañadas de un séquito de familiares y esclavas. Estas últimas cargaban los reclinatorios. Uno de esos personaje, era la negrita pequeña que recogía el manto de la ama mientras estuviera reclinada escuchando la Santa Misa. Si a la mantuana se le escapaba una ventosidad, tal bochorno se cargaba a la negrita de compañía, es decir la paga peo.

De allí viene nuestro modismo, cuando se achaca la culpa de algo a quien no la tiene.
¡Vainas de mi ciudad !

Caracas, mayo 2007

Poner la mesa




En Caracas durante la época de la Colonia (más precisamente entre 1700 a 1780), en las casas capitalinas de los criollos (nativos descendientes de españoles también llamados Mantuanos) no existía una habitación destinada a la realización del acto de comer propiamente dicho, o comedor tal como se conoce hoy en día. Por consiguiente los señores de la casa solariega comían en el lugar que les apetecía: bien en la sala, bien en el jardín, en sus aposentos o debajo del árbol de Tamarindo. Rara vez al lado del caluroso fogón. Entonces el Señor o la Dueña de casa ordenaba a la servidumbre: "Fulanito, ponga la mesa debajo de la parra" y los esclavos colocaban la mesa, sillas y enseres para el condumio, en el lugar indicado.


De allí deviene nuestro actual modismo de decir "Poner la mesa", cuando nos referimos a colocar en la mesa del comedor manteles, servilletas, cubiertos y vajilla. Se me ocurre que de esto también surgió aquella canción infantil que reza: "Arroz con leche, me quiero casar, con una viudita de la capita que sepa coser, que sepa bordar y ponga la mesa en su santo lugar"...
¡Vainas de mi ciudad!


Caracas, mayo 2007

Waraira repano.



Tengo una amiga extranjera que siempre viene a Caracas. En uno de esos viajes que nos encontramos nuevamente en mi ciudad me comentó: Ustedes siempre están pendientes de esa montaña. Le respondí: es verdad, ¡Es lo único realmente hermoso que tiene Caracas!

Ciertamente, los caraqueños siempre estamos pendientes de nuestra montaña. Nunca falta en una conversación amena la referencia. Indistintamente que le demos género masculino o femenino; o hablemos de cerro o de montaña. Los indios en cambio la llamaron Waraira repano (Sierra grande) No tenían dudas de su género. La montaña cambió de nombre, por allá por 1774 cuando el cerro formaba parte de la finca de Don Juan Alvarez de Avila. Para el caraqueño no hay día sin Avila: ¿Viste que lindo amaneció ? ¡Ya tiene el rosado del Capin melao! ¿Viste la nube de contaminación que lo cubre? La montaña es nuestra diaria referencia. Pero hay más mucho más....

El Waraira repano, obviamente nombre indígena, comenzó a llamarse Avila por allá por 1774 cuando el cerro formaba parte de la finca de Don Juan Alvarez de Avila, o Juan de Avila. 
El Avila ha sido cantado, musicalizado, recitado, pintado, ensoñado por los enamorados y utilizado como coordenadas de la ciudad. Es nuestra brújula: es parte de la identidad  del caraqueño.  Los senderistas no pierden la oportunidad de disfrutar de sus parajes, subiendo con empeño y esfuerzo sus empinadas cuestas. No faltó un ambicioso urbanista -que a mediados de los años cincuenta- tuvo la osadía de realizar un proyecto para abrir un túnel en él, de forma de comunicar la capital con el litoral. Hasta los taumaturgos han sucumbido a su embrujo y más de una vez realizaron nefastos vaticinios relacionados con la montaña: que si es un volcán extinto, que si se abrirá por la mitad en tal o cual momento y pare usted de contar. También hubo quien la culpabilizara -ya que le hemos conferido identidad- por los aciagos sucesos del deslave ocurrido en el litoral y más de un caraqueño la observa ahora con temor.

El Avila da para todo.Yo creo que la adoración totémica que sentimos los caraqueños por El Avila, tiene mucho que ver con el caos citadino en que tratamos de sobrevivir. Los capitalinos ya no tenemos vínculos -puntos locales- que nos indiquen que continuamos viviendo en la ciudad donde nacimos. Mucho menos podemos establecer recuerdos afectivos con nuestra ciudad, actualmente convertida en mercado de fachada tercer mundista y contaminación globalizada. La calle que diariamente transitábamos, cualquier día menos pensado dejó de serlo para convertirse en un mall, parking o elevado. Los nombres de las calles o avenidas que conocíamos tradicionalmente, han sido modificados tantas veces –siempre de acuerdo al gusto de la tolda gobernante- que ya terminamos por omitirlos y nuestras direcciones concluyen por ser las más risibles del mundo. Frente a la panadería tal; al lado de la lavandería cual; allí donde está el kiosco. El edificio aquél de fachada de principios de siglo, o aquél otro art-deco -que nos parecían tan de buen gusto- fueron demolidos, para dar paso a un descomunal esperpento acristalado que en su petulancia, pretende ser más alto que la misma montaña.

Por si tal caos no fuera suficiente, para hacernos sentir mas desubicados dentro de nuestro propio entorno, hasta la memoria histórica de la ciudad nos la borraron para dar paso a un supuesto progreso. Para poder ampararnos en una lejana remembranza historicista, queda una casa del Libertador, una Plaza Bolívar y un Panteón Nacional, otrora amparado a la sombra amable de una frondosa arboleda y hoy desolado -por asoleado- en medio de un yermo cuadrilátero de mármol y granito.

Para resarcirnos de toda este caos urbanístico, ésta pérdida del terruño, nos queda la montaña. Majestuosa e impertérrita. Siempre allí para recordamos que sí, que estamos en Caracas. Ella nos lo hace saber, con su imponencia y su descomunal majestuosidad.

El Avila -esa inigualable montaña- solaz de los caraqueños, admiración de los visitantes, garante de nuestra caraqueñeidad -si acaso la más autentica- nos hace adorarla y referirla como uno más de nosotros. Ojalá no se le ocurra a algún megalómano constructor o alguien de los que supuestamente planifican o administran nuestras ciudades, quitarla de en medio para convertir nuestra Caracas en un futuro joint-venture. ¡Tal como están las vainas, nunca se sabe!


Caracas, julio 2000
Ilustración: Cabré

¿Adónde fue a parar?



En estos días, cuando Maria Lionza en su portentosa estatua está dando tanto que hablar, conversaba con una amiga y nos pusimos a rememorar las estatuas o monumentos de la capital que han desaparecido de su natural enclave y nadie sabe a donde fueron a parar. Tal como le escuché decir la Dr. Tejera París: "Este es el único país del mundo donde las estatuas caminan y las fuentes se secan "(sic) Hoy el litigio es por la estatua del escultor Colina, vapuleada entre el Minfra, la UCV, Fundapatrimonio y sus adoradores supuestamente para su conservación. Si mal no recuerdo la estatua en cuestión es propiedad de la magna casa de estudios desde unos lejanísimos Juegos Panamericanos en los años cincuenta, cuando estuvo entronizada dentro de los recintos universitarios. Luego fue mudada a su actual lugar, en todo el medio de la Autopista del Este. Hoy su destino es bien incierto. Las torrenciales lluvias de estos meses, han terminado por desbaratar la obra cuyo torso se ha desmembrado. La que ha sido colocada en reemplazo es un vaciado en yeso de la original. Esperemos que las lluvias no la derritan.

Mi amiga me refería que parece ser que los venezolanos tenemos una estatuafobia. Una especie de venganza hacia los próceres. Estos monumentos inaugurados con tanta pompa y en los cuales se invierte una buena cantidad de dinero, terminan mínimo descabezados, mutilados, cambiados o bajados de su lugar, sin aviso y ni protesto. Recordaremos algunos casos, sin referirnos a las estatuas ecuestres defenestradas en siglos pasados, Guzmán Blanco inclusive.


La llamada India de El Paraíso es una bella dama que se ha mudado muchas veces. En principio se inauguró como Monumento a Carabobo y estuvo en la avenida 19 de Diciembre (al Oeste de Caracas) Luego la escultura fue mudada dos veces de lugar: primero estuvo en el Paraíso (1949) y ahora esta en la redoma de La Vega (intersección de las urbanizaciones La Paz y el Paraíso)

Las esculturas de Maragall que constituían un conjunto de fuente, espejo de agua y esculturas de la Plaza Venezuela fueron retiradas y puestas en Los Caobos para dar paso a la Gran Avenida y su fuente luminosa. Proyecto del arquitecto Michelena (en época de Pérez Jiménez). Por los momentos y después de años de sequía, la fuente será puesta en funcionamiento según anuncian unas pancartas oficiales. Será.?



Las obras de Francisco Narváez no han tenido mejor suerte. Las Toninas en la Plaza O´leary de El Silencio (inaugurada con el nombre de Plaza Rafael Urdaneta en 1945) pasaron por varias vicisitudes. Somos unos Penélopes del urbanismo: primero con la construcción del Centro Simón Bolívar en 1987, dividieron la plaza en dos para dar paso al flujo de vehículos que salían del túnel. Luego el conjunto volvió a sufrir los embates de las obras del Metro. En el 2000 gracias a la Fundación F. Narváez se restituyó el diseño original.Las bellas esculturas que adornaban el Parque Carabobo(1936) sufrieron un horrible deterioro conjuntamente con el sitio, que llegó a convertirse en guarida de malvivientes. A través de un trabajo de años se reparó la obra (1997) No sé cómo se encontrará todo el conjunto ni el parque, ya que es altamente peligroso aventurarse por esos parajes. Y ya que estamos en centro de la ciudad: ¿qué hicieron con la estatua del Padre Sojo, ubicada en la pequeña placita de su mismo nombre, entre la Iglesia de Santa Teresa y el teatro Municipal?... ¿Y dónde andará el busto de Vargas que estaba en el paseo del mismo nombre y desapareció de su pedestal en el 2003? ¡Seguro se lo llevó un Carujo!



Las Tres Gracias de la Plaza de Las Bellas Artes en Los Chaguaramos no son las originales sino una réplica encogida de ellas. El arquitecto catalán Joseph Mimó diseño toda la plaza con su espejo de agua, por allá por 1946 y colocó una réplica de las estatuas de Cánova traídas de Italia expresamente. ¿A dónde fueron a parar las de tamaño original?



En un lugar de Caracas de cuyo nombre no quiero acordarme... existió una vez una Plaza de España... Si, donde quedaba la Plaza López (esquina de Animas) En 1921 inauguraron la Plaza España con un monumento a Colón. Luego todo lo volaron para dar paso al progreso Perezjimenista o sea la avenida Urdaneta y dejaron un triángulo de grama, con un pequeño busto de Don Miguel de Cervantes. ¿Lo descabezaron? ¿ Ahora dónde está?



La descomunal cabeza de Bolívar –donde el prócer aparece casi de perfil- obra del escultor peruano Victorio Macho; primero estuvo en la Plaza de Los museos en Los Caobos y terminó parando en la Plaza Caracas, entre las torres del Centro Simón Bolívar rodeada de tarantines de buhoneros. Por supuesto, en Los Caobos dejaron el pedestal como recuerdo y ha servido de soporte a los graffitis revolucionarios. Una réplica de este busto fue donado al Perú cuando el mandato del Presidente Caldera.


La estatua de la Reina Isabel la católica que estuvo entronizada en la Plaza de la Castellana, la relegaron hacia atrás escondida entre la maleza. ¿Será por vergüenza de su contrahecho aspecto? La estatuafobia es tan contagiosa que a Cristóbal Colón lo bajaron malamente de su pedestal aledaño a la plaza Venezuela, en una de esas celebraciones de la autoctonía revolucionaria con reniego retroactivo, tratando de negar la gesta del glorioso Almirante. Esa escultura fue una donación de la República Italiana a Venezuela. La otra obra del mismo personaje que perdura en lo alto del parque El Calvario, no la han destruido –por ahora- porque es un verdadero calvario subir tantas escalinatas.





Donde comienza la avenida principal de Las Mercedes (frente al edifico del CVA) estaba una estatuilla de San Francisco de Asís; por supuesto sin ninguna referencia al autor o autora de la misma. Mucho menos con su respectivo nombre ya que las letras se las volaron los cacos. Sabemos que era San Francisco por su esmirriada y depauperada facha y el pajarito que lo acompañaba. Los cacos completaron el trabajo.



Al final de esta misma vía (frente al centro comercial en la intersección de los semáforos) un pequeño grupo escultórico existió hasta 1998 Representaba una familia. Dadas sus características volumétricas y coloración –figuras regordetas, cilíndricas y pequeñas- todos la llamabamos el mojonal. Ya no está, ahora colocaron palmeras.



Ni hablar del vandalismo perpetrado contra las obras de Otero, Cruz-Diez, Soto y el mural de Zapata. Eso es digno de otra crónica...




Me atrevo a aventurar que el ego de los caraqueños no soporta ofrenda estatuaria que no sea la propia. Como estamos lejos de merecerlo, pues na´.¡No me pongo yo, tampoco te ponen a ti! Dicen los adoradores de la diosa telúrica –con la cual comenzó esta crónica- que si es removida de su sitio (si a ver vamos rompió record de permanencia) se desencadenará sobre el país una hecatombe. Algo así como las siete plagas. Me perdonan y sin ánimo de ofender, las siete plagas ya las venimos sufriendo desde que vivimos en el supuesto "mar de la felicidad" ¿Que más nos puede suceder?







Caracas, 2004

Ilustración tomada de la web.