29 abril, 2016

El Santa Claus de la Cota mil.







En las festividades decembrinas en nuestra capital pasan dos cosas: se enciende la cruz del Avila  y  aparece Santa Claus... Otro de esos entrañables personajes populares de nuestra capital, es Ramón Canela. Un señor de 82 años que desde hace aproximadamente diez, todos los primeros dìas de diciembre se aposta desde la mañanita en la transitada avenida Boyacá de la capital causando el consabido revuelo. Don Ramón, muy bien caraterizado en el personaje, saluda a los pasantes con su campana y en su zurrón verde recoge las cartas, peticiones y solicitudes de los infantes y uno que otro adulto. Todos se retratan para atesorar el momento. No siempre lo acojen con afecto, debido a la  tranca que se forman, ya que es inivitable la doble cola de vehículos que se detienen... Lo visitan gente de los alrededores y de muchos otros lugares cercanos a Caracas. Con todos  estos años se ha formado una cohorte de asistentes - damas y caballeros- que acompañan a Santa y lo asisten de forma espontánea y generosa en sus necesidades, agua y comida, mientras transcurre el día.. 

Poco se sabe de las intimidades del personaje: llegó a Venezuela como inmigrante, desde su natal España y aquí permaneció. Dicen que una tragedia personal acaecida en estas fechas lo impulsó a hacer el gesto, o quizá sea una manda. Es el caso que él de manera totalmente altruista, da alegría y esperanza a los pasantes y hasta los momentos y con  su avanzada edad nunca ha faltado a la cita. 

Este diciembre de 2015 el Santa de la Cota mil hizo su aparición el dìa 2. Esto fue  motivo para que los medios de comunicación capitalinos y redes sociales especularan y reportaran su ausencia. Por fortuna, al dìa siguiente hizo su triunfal aparición, se reseñó el evento en diarios y TV y se disiparon preocupaciones. Explicó que todo fue ocasionado por que el nuevo atuendo no estuvo a tiempo.

¡Gracias, Don Ramón, por inbuirnos la tan necesaria esperanza..!


Caracas, diciembre 2015



10 abril, 2016

De buena familia.




"Ningún legado es tan rico como la honestidad." Shakespeare.


En días pasados (8/04/16), recibí un correo acerca de una carta abierta que el abogado José A. Balzán Pérez dirige a su colega Hermánn Escarrá.  No voy a entrar en  detalles sobre este asunto espinoso, salvo que me sitúo de parte del Sr. Balzàn Pérez y que deseo destacar el final de la misiva pues  me gustó mucho. Dice textualmente: Bien decía mi viejo, que la única y mejor herencia que le puede dejar un padre a su hijo es un apellido limpio... (Sic)

A estos párrafos vale la pena referirse. Antes en tiempos no muy lejanos, cuando nuestros abuelos andaban por el mundo y nuestra "sociedad socialista" y todo el cuento del "hombre nuevo" ni  pensaba establecerse, nuestras costumbres y valores estaban sustentados con bases mucho más sólidas y los principios  no se vendían al mejor postor, tal como ahora sucede a cada momento. En nuestras familias se valoraba la dignidad: la bonhomía, la rectitud en el proceder, valores transmitidos de generaciones tras generaciones porque era importante mantener un apellido limpio. Ciertamente, cuando en Caracas éramos menos habitantes y las referencias de índole personal -no de puestos guernamentales ni de dinero mal habido- bastaban como presentación, era corriente escuchar: fulanito o fulanita viene de buena familia.. Proceder de buena familia es tener un apellido limpio o lo que es lo mismo acreditarse una carta de presentación impecable de personas dignas: honestas, trabajadoras y solidarias. ¡No es fàcil mantener semejante abolengo!  
No mentiré ni decir que todas las familias son impolutas y un dechado de virtudes, siempre existió la oveja negra pero actualmente sucede al revès; todas las ovejas son negras y como excepción hay una blanca, si me explico. No me considero chapada a la antígua, pero en esta revolución de valores morales trastocados donde la mala educación y la chabacanería son  moneda corriente (basta ver las cadenas presidenciales o los programas de TV que mantienen los acólitos revolucionarios), sería bueno volver a imponer la condición social de buena familia. 

Debe ser horribe ser tildado como la hija del ladrón o el hijo de la sinverguenza o de un mala gente..  En estos tiempos de redes sociales cuando nada queda oculto debe ser harto desagradable y vergonzoso toparse una noticia indecente, donde esté involucrado un familiar. Hasta  los momentos me es muy fatisfactorio y me llena de orgullo cuando conozco a alguien, o recibo un chat, tuit o correo diciendo: eres  famila de tal..? Tu padre me ayudó en tal o cual ocasión; eres hija  de..?  Esa sí fue  una gran mujer, muy solidaria; tus abuelos eran..?  Gente trabajadora y honesta que aportaron mucho al país. Entonces además de agradecer el cumplido agradezco a mis ancestros y procuro recordar que yo y las generaciones venideras de nuestra familia estamos obligados a seguir el ejemplo y mantener nuestro más valioso legado el apellido completo muy limpio.

Que bonito sería que volvieramos a la costumbre de valorar la buena familia, aunque quizá salga un izquierdozo progre y catalogue el término como "muy mantuano" y obsoleto.. Cuestión de perspectivas: el hombre antíguo vs. el hombre nuevo.


Caracas, abril 2016