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06 octubre, 2008

El carrillón de la Catedral


La actual Iglesia Catedral de Caracas fue el primer Templo parroquial de la Ciudad de Santiago de León, fundada por Diego de Lozada el 25 de julio de 1567. De ese tiempo para acá, este edificio ha seguido paso a paso la historia de la ciudad. Con el terremoto del 11 de junio de 1641, la Catedral se redujo a un montón de escombros. Gracias a la ayuda de la piadosa María Pérez (Maripérez) se pudo construir un templo provisional. Hoy una urbanización caraqueña lleva su nombre. A raíz del terremoto y el paso de los años el edifico ha sido reformado y ampliado, entre ellos: el Presbiterio, el artesonado de las naves interiores y el piso de mármol. En la parte superior de la torre se admira una estatua en bronce que representa La Fe, obra del artista Juan Pedro López. Su última refacción se hizo en 1967 con motivo del cuatricentenario de la ciudad.

El estilo de la Catedral es muy propio de la Colonia. La construcción es muy modesta comparada con otras iglesias latinoamericanas. Empero tiene una singular belleza, y dentro de ella se encuentra entre otras, la capilla de la Santísima Trinidad que data de 1689. Aquí recibieron sepultura los miembros de la familia del Libertador. En 1827 el mismo Libertador en su postrera visita a Caracas vino a rezar ante la tumba de sus seres queridos y emitió un decreto para que se hiciese un monumento, el cual vino a ser realidad en tiempos del General Marcos Pérez Jiménez, por allá por los años cincuenta.

Toda esta introducción me sirve, valga la redundancia, como introducción para hablar del carillón y las campanas de la Catedral. El actual reloj fue fabricado en Londres en 1888 y pagado en libras esterlinas contantes y sonantes. Durante siglos, las finísimas campanas doblaban para indicar la hora, para celebrar las festivales de navidad y pascua y recordarles a los fieles la misa dominical; mediante un carillón tocaban el Himno Nacional y otras piezas de música religiosa. Pero como ahora, hasta el Vaticano está prescindiendo de sus campaneros. Ya no hay quien jale de las cuerdas y active los badajos. Todo está resuelto por toques tecnológicos y basta con apretar un botón para que el tañido se expanda por toda la ciudad.

Me dicen que el reloj de nuestro tempo aún funciona con su original sonido, dando las horas y medias. Hace años que no lo escucho. No voy al centro de la ciudad, ni recorro la Plaza Bolívar como ante solía hacerlo para evitar desagradables encuentros con las hordas chavista, que tienen sitiado el lugar.

Como ya he dicho en otras ocasiones, nací cerca de la Catedral por consiguiente el sonido de las campanas y el carillón marcaron mis horas de vida infantil y colegio. Al correr de los años, dejé de escuchar esos sonidos. Entre la ciudad que cada vez se hace más bulliciosa el sonido de las campanas se ha cambiado por el escándalo de los claxons: los golpes y martilleteos de las construcciones y obras y las sirenas de las ambulancias y bomberos. El progreso acabó con la placidez de la antigua ciudad y el tañer de las campanas. Es bastante a contracorriente asistir ahora a las retretas de la Plaza Bolívar (¿todavía existirán?), donde me llevaba mi abuelo Nicolás y escuchar las campanas. La última vez que las escuché sonar a repique, fue el 23 de enero del 58 cuando la caída de la dictadura.

Esperemos que se presente nuevamente la ocasión de escuchar al vuelo, el sonido de las campanas caraqueñas y sabremos por quién doblan las campanas…

¡Vainas de mi ciudad!


Caracas, agosto 2008

20 mayo, 2008

El propio topónimo


¡Es que la mata de vainas no para de echar! tan orgullosa que estoy yo de mi caraqueñeidad y resulta que ahora no seré más caraqueña. En verdad no sé cómo voy a responder cuando me pregunten por esos mundos de Dios: ¿dónde nació usted ? en La Cuna de Bolívar y Reina de Guaraira repano, ¡na´guará..! ¿Y mi gentilicio como queda? soy caraqueña o soy cunabolivarianesa o reinaguarairarepanoesa ¡Coñastre! Que alguien docto en estos menesteres me informe…


¡No ser rían, la cosa va en serio! Según la propuesta Reforma Constitucional, en su articulado no.18 prevé el cambio de nombre de nuestra ciudad capital. Por lo visto no es suficientemente autóctono el que lleva. Resulta que Don Diego de Losada, por allá por 1567 mucho después de los vanos esfuerzos realizados por Francisco Fajardo y Juan Rodríguez Suárez, se decidió a fundar en un valle habitado por una tribu Arawak (los Caracas) una bella ciudad que llevaría por topónimo -hasta los momentos- Santiago de León de Caracas. Santiago por el apóstol tradicional de la reconquista española (el santo militar de España), León por el nombre del gobernador de la Provincia para ese momento (Ponce de León) y Caracas porque así se llamaba la tribu indígena que habitaba esa región. Pero por lo visto para el proceso que estamos padeciendo llevar nombre indígena no basta. El Duce tropical parece estar más que dispuesto ha agotar a como de lugar las designaciones bolivarianas. Sin darse cuenta quizá, que lo que hace es convertir a un insigne prócer en un comodín de tanto uso y abuso. Todo debe llevar ese nombre desde lo más nimio hasta lo más trascendente.

Imagino que se hace esta modificación, para no ser confundidos con otras repúblicas también bolivarianas -pero seguramente con menos derecho a llevar el nombre del prócer- y para ser más papistas que el Papa.¡Que chercha! cuando yo diga que nací en la cuna de Bolívar. Un mamador de gallo de esos que nunca falta me responda: ¿Y todavía esa cuna existe ? u otro me diga ¿Y allí nacen todos los habitantes de la ciudad ? o sea que eso es de uso obligatorio, como un moisés que se pasa de recién nacido a recién nacido. No faltará otro que se le ocurra preguntarme: ¿Dónde la tienen, en la maternidad Concepción Palacios? Si ya es complicaillo en español, como se hará la traducción, cuando uno se encuentre en una aduana de cualquier país de habla no hispana. Con semejante apelativo, lo menos que pueden considerar en cualesquiera aduana extranjera es que formamos parte de una banda terrorista.

Tampoco perteneceremos más a las Comunidades Santiagueñas conjuntamente con las otras ciudades del mundo que llevan este nombre: Santiago de Chile, Santiago de Compostela, Santiago del Estero y Santiago de Cuba, entre otras.

El actual escudo de armas, presenta al león como figura emblemática de Caracas a partir de la Real Cédula de Felipe II, que se concede a petición de Simón Bolívar, Porcurador General y antepasado del futuro Libertador. Dadas las circunstancias, supongo que el cambio de nombre también conllevará un cambio del blasón en el escudo capitalino, para que todo tenga concordancia. ¡Fuera el león! pongan un rabipelao o mejor una cunita. El pendón de Losada que está en el palacio Municipal intuyo que ha de ser incinerado en la ceremonia fundacional de la renovada capital y sus novedosos símbolos. En el acto incinerador participarán los altos dignatarios capitalinos, que en vez de ocuparse de lo que en verdad le corresponde y necesitamos los habitantes de esta sufrida ciudad, andan pendientes de un sin fin de ridiculeces.

¿Que haremos con aquellos productos archiconocidos por su nombre que incorporaron el gentilicio proscrito? La malta será a partir del momento del cambio –si es que se da- Malta La cuna de Bolívar o Malta Reina del Guaraira Repano. ¿Y que va hacer Cisneros –aparte de ponerle franelas rojas, rojitas – con Los Leones del Caracas ?


Caracas, octubre 2007