03 diciembre, 2013

Hágase la luz.


Nuestra maltratada capital, todos los años, por estos días recibe un bello regalo. La cruz luminosa que es encendida en el hermoso cerro El Avila. Esta costumbre ya va para 50 años, cuando desde aquel lejano 1ro. de diciembre de 1963 la Compañía La Electricidad Caracas tuvo la genial idea de colocarla.
Al que se le ocurrió esta maravillosa ocurrencia fue a un ingeniero alemán que para ese entonces trabajaba en la compañía el Sr. Ottomar Pfersdorff que no cejo en su empeño de lograr la aprobación de la directiva de la empresa, para colocar una luz en El Avila como símbolo esperanzador.  La primera cruz se encendió desde el Hotel Humboldt, en la cumbre del cerro, iluminando a manera de cruz las ventanas del gran hotel. Luego tres años después, se elaboró la estructura metálica colocada en Los Mecedores, cercana de las antenas de VTV. Finalmente, ya para 1981 se colocó en su sitio fijo desde donde podemos admirarlas ahora: el cerro Papelón.
La cruz luminosa pasó por sus percances: en 2009, debido a la crisis eléctrica que vivió el país por la sequía del Guri, los 74 focos incandescentes de la cruz de 37 metros, fueron cambiados por bombillos ahorradores, pero el efecto logrado no fue el mismo. Actualmente la responsabilidad de mantener la cruz del Avila, es de la empresa Corpoelec.
El encendido de la cruz decembrina –nuevamente con sus focos incandescentes que nos permite verla desde cualquier parte de la capital- ya es una tradición, que cuenta con la participación de los niños de los colegios capitalinos. Su visión nos alegra la navidad y nos trae un mensaje de esperanza y ventura.
Caracas, diciembre 2013
Ilustración sacada de la Web.

1 comentario:

Myriam Paul dijo...

Muy interesante tu crónica sobre la cruz de El Avila que nos ilumina todos los años por esta época navideña, y que junto a nosotros, también recibe el Año Nuevo en medio de cañonazos.
Siempre logras instruirnos con tus Crónicas Escuálidas, como las titulas. Una vez más, nos iluminas-como la cruz de El Avila- con tu investigación y conocimiento.

Muchos abrazos,

Myriam