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10 junio, 2020

¡ A la hoguera..!


Hace muchos años, una destacada agencia publicitaria venezolana ARS, tenía un slogan que rezaba: "Permítanos pensar por usted" y me recordé de ello porque parece ser esta la idea de los nuevos sensores que proliferan en el cine, las redes sociales y pare usted de contar...
Según las noticias que se leen por doquier, la pacatería se abre paso indiscriminadamente y nada ni nadie se salva de la censura: obras literarias  como "Lolita" de Nobokov (abuso infantil), pinturas la "Olympia" de Manet (exhaltación de una prostituta que se muestra provocativamente), películas  como "Lo que el viento se llevó" de Fleming (racismo) con todo y que la protagonista negra (¿o debo decir afrodescendiente?) ganó un Oscar, óperas "La donna é mobile" de Verdi (una contundente declaración sexista) y cuentos infantiles como "Caperucita roja" de Perrault (un lobo lascivo que acosa a niñas en el bosque), hasta series de TV tal "Lassie" o "Rintintin" de la CBS (maltrato animal). Ni la historia se salva y hasta las estatuas de uno u otro Colón o Lincol, han sido defesnestradas. Todo tiene "su caída" bien por racismo, por salvaguardar a los animales, por ser inmoral, o por sexista...y así, así llegamos al punto en el cuál todo es ofensivo. 

Esta actitud ya supera a Torquemada, Cisneros, la Inquisición, el Index y cualesquiera censura. Ademàs para que no se te ocurra  discerni segun tu propio criterio y zanjar el asunto pretenden colocar un texto explicativo sobre la "intención" de lo publicado. Como quien dice: te facilito la vaina para que no vayas a interpretar desviadamente el asunto...Imagino que luego, se publicará una lista de personas execradas, apestados sociales de mentes cochambrosas como yo, que leemos El Cantar de los cantares o Sade, nos gustan las películas de Bertolucci y Tarantino, nos deleitan los dibujos de Breadsley o Shungas japoneses y narramos a nuestros nietecitos cuentos de los hermanos Grimm, para nombrar algunos.

¡A la hoguera, a la hoguera! 🔥🔥🔥

07 noviembre, 2009

Cae el telón


El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma. Arthur Miller.
No sé por qué, todavía me queda capacidad de asombro al enterarme de las noticias de nuestro país...Se decretó la Misión Cultura, o sea: ¡vuelvan mierda lo que queda de cultura en el país!

Desde Eurípides, pasando en vuelo rasante por Lope de Vega, Pirandello, Brecht, Pinter y Cabrujas, nos damos cuenta que el teatro siempre ha sido una actividad contestataria. El buen teatro entretiene, pero en su trasfondo difunde ideas, pone a pensar al espectador; a cuestionarse su vida o la sociedad en que vive. Por eso cuando es necesario silenciar las ideas, las palabras, el teatro siempre ha estado en la mira. Claro, no nos referimos al teatro de medio-pelo, donde no hay un texto significativo, donde abunda la mediocridad, chabacanería -mucha "morcilla" seudo graciosa- y mal gusto, pero que atrae a un público nada selectivo.

Sería muy largo para esta crónica hablar detalladamente de Juana Sujo, Alberto de Paz y Mateos, Juan Carlos Genet y Carlos Jiménez venidos de otras tierras a formar profesionales y arraigar el gusto por un teatro de calidad; ni enumerar a nuestros teatreros: Rajatabla, Theja, Alberto de Paz, entre otros, que han dado la batalla trabajado con ahínco –es decir contra viento y marea- para formar un reducido público asiduo y mantener funcionando algunas salas. Como los Venezolanos no somos gente de teatro, los grupos han tenido que recurrir al subsidio gubernamental para poner en escena sus obras. ¡La cultura cuesta!, es un bien de consumo necesario para el humano, pero no crematístico.
Mucho ayudo a modificar nuestra conducta en eso de ir al teatro, el estupendo Festival internacional de teatro de Caracas, que el desaparecido Carlos Jiménez emprendió (1980) con el auspicio del ahora caído en desgracia, Ateneo de Caracas. El público venezolano se abrió al teatro y ahora existe una población proclive al espectáculo.

El actual acoso tiene ya varios años, desde que el anterior Ministro de Cultura consideró a los teatreros como “grupos conflictivos”; entiéndase no plegados a el proceso. En el interior de la república la situación es mucho más crítica, con cierre de locales si es que no se han derrumbado por la desidia. Ahora la Misión cultura llega para recordarnos que cultura es lo que el gobierno determina como tal y que: “no financiará a colectivos individuales cuyas conductas perniciosa, afecten la estabilidad psicológica y emocional colectiva de la población, haciendo uso de un lenguaje ofensivo, descalificando, mintiendo y manipulando a través de campañas mediáticas dispuesta para tales fines". (Sic)

Esta declaración tan desvergonzadas y muy laxa (cualquier cosa que menoscabe los intereses de la revolución podrá ser considerada “de conducta perniciosa”), corresponde a nuestro flamante Ministro del poder popular para la Cultura. Con tal fin, elaboró una nueva lista que incluye a los “sediciosos”: Skena, Grupo Actoral 80 y Teatro del duende. El alcance de la medida no quedará allí –por ahora- por extensión interpretativa de la mentada disposición, podrá recaer en el Cine (ya funciona La villa del cine, al mejor modelo de la Cinecitta de Mussolini) y las otras artes escénicas: Danza y Ballet. Se imaginan ustedes copiar esas obras tan decadentes como las que montaban los chinos cuando el vendaval de la revolución cultural: loas a Mao, marchas, tanques en escena, todas las chinitas de las guardias rojas, uniformaditas ellas... En la mise en scène a la criolla, las loas se cantarán al héroe epónimo del Museo militar y los guardias rojos, serán sustituidos por los sicofantes del grupo La Piedrita, con una impresionante escenografía de motos y todo en escena.
Mas temprano que tarde, le tocará su cuota de realismo socialista a las Artes plásticas, la Literatura y a todo aquello que contraviniendo el pensamiento revolucionario bolivariano signifique individualismo creativo.

A los que amamos las tablas, nos corresponde apoyar la labor de estos grupos marginados de la bonanza gubernamental. Por fortuna todavía quedan salas independientes, que con esfuerzo mantienen una actividad estable. Revise la cartelera antes de escoger qué ver; fíjese bien cuál es el grupo y en que sitio se presenta; no le haga la claque a los grupos teatrales gobierneros, ni caiga en el señuelo del espectáculo gratuito.

No me queda más que hacer mutis por el foro…


Caracas, noviembre 2009

27 febrero, 2009

Al violinista lo bajaron del tejado



PUna noticia aparecida en la sección de espectáculos del diario caraqueño El Universal, de fecha 26 de febrero de 2006 señala que la reposición del anunciado espectáculo El violinista en el tejado -a presentarse en el Aula Magna de la UCV este fin de semana- aparentemente no se llevará a efecto por falta de acompañamiento musical.. ¡plop!
Resulta que este show; otrora presentado en Broadway (1964), en Caracas (2005 y 2006) y llevado a la pantalla (Jewison, 1971), no es idóneo para ser visto por el público venezolano, ya que su “peligroso” argumento y ambientación se desarrolla –según la novela del escritor ruso Sholom Aleichem- en una aldea donde conviven judíos y ortodoxos rusos. ¿Qué tiene de particular tal hecho? Sencillamente que dado el ambiente de “tolerancia y buen gusto” con que se maneja la cultura revolucionaria bolivariana, la directiva de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho (¡pobre Sucre, debe estar revolviéndose en su tumba!) consideró conveniente no participar en el espectáculo, dado que la mencionada organización está subvencionada por el Estado y no se vería adecuado –ni conveniente para los intereses de la orquesta- contravenir la política cultural bolivariana, pues parece ser que ahora y no antes se percataron que el asunto provenía de los semitas. Por si fuera poco, a los músicos de esa organización que pretendieran “matar un tigre” con el Violinista en el tejado, los presionaron con una asistencia obligatoria, el mismo día y misma hora a un ensayo.

Comencemos por aclarar que ésta orquesta sinfónica, como muchas otras organizaciones culturales, siempre han contado con subvenciones del Estado venezolano y que el Estado no es el gobierno. Por otra parte tanto los señores de la orquesta como los encargados de dirigir la política cultural del país dan una clara demostración de mediocridad y estrechez mental, propia de estos regímenes revolucionarios. Es de todos conocidos los hechos de las revoluciones culturales, en China, la anterior Unión Soviética y Cuba: escarnio público, prisión, y ostracismo para escritores, bailarines, cineastas, pintores, músicos y cualquier cosa que sea vanguardia creativa.

La música es un lenguaje universal. La música une el alma de los pueblos y sirve para enaltecerlos. La música no puede ser utilizada, tal como hizo Hitler -que la emprendió con Wagner, antisemita confeso- para sus despreciables fines políticos. Grandes maestros contemporáneos de la música, Zubin Mehta y Daniel Barenboim se han distinguido por usar la música para la paz entre los pueblos. Barenboim (afamado director de orquesta y pianista, judío) con su amigo Edward Said (músico palestino ya fallecido) formaron la Foundation Barenboim-Said, entre otras cosas para el diálogo y la reflexión. En sus programas figura la maravillosa orquesta juvenil: West-East Divan conformada por judíos (de varios países) entre ellos israelitas y árabes (de varios países) entre ellos Palestinos. Maravilla ver como estos muchachos y muchachas dirimen sus diferencias a través de la música que los une. Aquí unos burócratas fachos se hacen eco de las prédicas segregacionista y chovinista emanadas desde Miraflores. Las instrucciones no se aplican expresamente, pero si mediante el mal ejemplo que cunde, y moviendo “sutilmente” los hilos de las subvenciones estatales. En meses pasados se ha visto como las organizaciones israelitas en la capital han sufrido violentos ataques –provenientes de las bandas revolucionarias armadas- quiérase reconocer o no, por la postura pro-palestina adoptada por el gobierno a raíz del reciente problema de Gaza, que finalizó (¡esperemos que así sea !) con el asalto a la Sinagoga principal. Luego –dándose golpes de pecho- saldrán los adalides de la democracia representativa y popular, a desmentir públicamente la intencionalidad política de unos hechos que están a la vista de todos.
Lo menos que se puede esperar de los músicos y directores del Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela y entre ellos el maestro Abreu, o el joven director Dudamel (que ya no depende de una subvención estatal) es que protesten semejante exabrupto. De existir, el maestro Vicente Emilio Sojo no se quedaría callado. ¡Ya le hubiera dado varios bastonazos a esos indignos genuflexos! En su tiempo, se le enfrentó al dictador Marcos Pérez Jiménez, cuando la Orquesta Sinfónica Venezuela inauguraba la Concha Acústica de Bello Monte. ¡Yo no le toco el himno a ese carajo! dijo y entregó la batuta.

Infiero que la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho en adelante no interpretará a: Mayerbeer, Mendelssohn, Hálevy, Strauss (padre e hijo), Mahler, Offenbach, Sömberg, Gerswin, Berlin, Copland, Berstein y pare usted de contar, porque son compositores judíos. De pasadita topamos con Verdi que, aunque no tenía na´que ver con los israelitas, se le ocurrió escribir Va pensiero.

Este asunto no debemos tomarlo a la ligera. Los talibanes que están solapados en cualquier parte, comienzan su cacería de brujas por una aparente insignificancia y después nadie sabe dónde ha de llegar. Abundan las experiencias de este tipo en otras latitudes. Inserto en este escrito un significativo poema del pastor luterano alemán Martin Miemöller, víctima de tales persecuciones (desde 1937 a 1945 estuvo en los campos de concentración de Sachesenhause y Dachau)

Cuando los nazis vinieron.
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista,
cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista,
cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío,
cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar...
A mí sólo me queda revirar, para no incurrir en lo que señala el poema. No podemos ser indiferentes a estas malhadadas situaciones. De alguna forma hay que demostrar el desacuerdo: ¡Yo a los conciertos de esa orquesta no voy…! Y por fin, ¿hay o no hay unos cañoneros para el Violinista?



Caracas, febrero 2009