11 mayo, 2010

El número 10 de Downing street.





No me gustan las monarquías por anarónicas. Ni siquiera para enterarme del boato en el cual viven: carruajes, moda, eventos sociales y todo ese protocolo en el cual se ven envueltos. En verdad, más bien compadezco a la Reina Isabel -que ya debe estar más que acostumbrada por la catajarria de años que lleva en el trono- que no puede permitirse una espontanea reacción o cualquier emotividad personal, que violente el estricto protocolo. Hay otros como los monarcas españoles y holandeses, que son más flexibles al respecto. De los monaquenses mejor ni hablar; esos se pasan de la raya y hasta saltimbanquis de circo han sido las princesas. Eso de las “tablas” les viene genéticamente de la madre, supongo... En Inglaterra la vida de la realeza no se compagina con el sencillo ejercicio del poder, o sea la realpolitik...

Pero lo que si debo reconocer, aunque soy republicana, es que la monarquía parlamentaria de la Gran Bretaña funciona, que los asuntos de gobierno se manejan democráticamente y que el país marcha como debe ser y eso que no tienen constitución; o quizá por eso mismo... Es tradición que el Premier británico se aloje y despache en la casa 10 de Downing street. Una edificación muy antigua, varias veces remodelada, situada en Westminster, cercana al parlamento y al palacio de Buckingham. Bastante modesta de fachada, aunque por dentro tienen todas las comodidades necesarias para la vida del premier y su familia. Antes de 1989 la calle era de libre tránsito, pero luego bajo el mandato de Margaret Thatcher se colocó una alta reja decorativa -pero reja al fin- para cerrar la vía.

A raíz de esta última elección (allá si hay una CNE que funciona. Los datos se conocieron el mismo día) los Laboristas perdieron la hegemonía parlamentaria sustentada por 13 años -el numero como que los empavó- debido a la coalición formada por los Conservadores y los Liberales demócratas. ¡Un arroz con mango a la Inglesa!... En resumen: me encantó y me hizo mucha gracia ver salir de la casa de gobierno a Gordon Brown, con su mujer y sus muchachos: a pié, sin escolta como un ciudadano común y corriente. Igual entró el nuevo primer ministro David Cameron con su mujer embarazada y su tren de asistentes en fila. Un policía en la puerta y un micrófono en plena calle para que el nuevo Premier dirigiera unas palabras al país y a los ciudadanos que se congregaron allí para ver la ceremonia del cambio de mando. Todo sencillo, sin aspavientos. Por otra parte, el apoyo logístico de esta gente es de admirar. En cinco días hubo toda una mudanza, rapidito, como en ascensor: salir para dejar entrar... Así las cosas, her majestic The Queen, ve entrar y salir premiers:
presidentes y jefes de estado, revoluciones, asonadas  militares, ataques terroristas, y ella allí impertérrita. 

Cuándo será que en mi país sucederá algo así. No hubo reclamos de fraude, no hubo insultos -nadie dijo que era una victoria de mierda- no hubo nada de lo que para nosotros desgraciadamente ya es habitual. Será por eso que me causó tan grata impresión. Grata impresión y envidia, mucha envidia…

Caracas, mayo 2010

Ilustración tomada de la web: Gordon se despide, Cameron se presenta..y ella permanece.

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